lunes, 10 de junio de 2013

Un cuento para adultos



Me gusta cuando la vida te brinda estos regalos. 

Esos milagros al alcance de todos. Esos destellos de luz en sala oscura e incandescente. Esa energía que impregna las paredes e inflama un alma amedrentada con una llama de ausencia, media docena de disparos de incomprensión, un puñal en el pecho, una música callada y un pozo de melancolía en medio de un cielo repleto de estrellas.

Y esas olas que te arrastran, esa danza que te mece… y el humo del tabaco adulterado, el chirriar del martillo impotente sobre el yunque, una guinda en un pastel despojado de inocencia, una inyección de vida disfrazada de clausura. 

Me gustó que se destilasen lágrimas del diván de un cañero solitario y brotase la sangre roja sobre la barra del bar de la esquina.

Fue una muestra de que la crueldad puede ser entrañable, el sinsentido coherente, la sátira pura magia y el Sistema una jaula de cristal. 

En ocasiones tuve ganas de llorar y reír al mismo tiempo y emborracharme después, y seguir mirando al infinito con una sonrisa en los labios y sin sentirme una estúpida.  Supongo que en el fondo la obra destilaba con una extraña fórmula la belleza de este mundo.

Fue un verdadero regalo despojado de artificios, de personas que dejan la piel en la escena, la desnudez en la palabra, el sudor y la sangre entre bastidores. Y así, entre carcajadas, nos regalan lo que no puede pagarse, con amor y generosidad.

Como decía Galeano “parecen cosas chiquitas, no expropian las cuevas de Alí Babá, pero quizá desencadenen la alegría de hacer y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que nuestro alrededor es transformable”.

Yo creo que son cosas imprescindibles, vitales y memorables, que constituyen la mejor arma de empoderamiento.

Me gusta cuando actúas, porque Estás. 

Me gusta cuando callas, porque Eres.


Guerreros de la Luz, gracias por iluminar nuestros sueños.



Os admiro,


“Un cuento para adultos
puede disfrutarse en la sala Mirador hasta el 23 de junio.

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